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Compañero de viaje
de la botella de vino

El corcho ha suscitado interés a lo largo de la historia. Teofrasto indica la elaboración de tapones de corcho en Italia 300 años antes de Cristo. Plínio “el Viejo”, por su parte, menciona en su Historia Natural, la capacidad del alcornoque de regenerar los tejidos de corcho a medida que eran extraídos y hace referencia al uso del corcho en la fabricación de boyas, redes para pescar, botas de mujeres y tejados. Horacio, en sus Odas, habla de la utilización del corcho para tapar ánforas de vino.
Al contrario, durante toda la Edad Media, la utilización del corcho fue bastante olvidada y se aprovechó sólo como combustible o como material para construir colmenas.

En 1634, el inglés Kenelm Digby revoluciona la industria de los recipientes para guardar vino con la invención de un nuevo modelo de botella de vidrio. Este diplomático es considerado el inventor de la botella actual, caracterizada por un cuello reforzado por un anillo. Es a través del dominio de los nuevos y potentes hornos de carbón, que los ingleses lideran la fabricación de estas botellas mucho más resistentes.

Décadas más tarde, se produce una nueva revolución: la producción industrial de tapones de corcho. El corcho, elástico e impermeable, permitía sellar perfectamente la botella, al tiempo que dejaba respirar al vino. El cuello reforzado permite a los vinicultores sacar el tapón de corcho sin arriesgarse a romper el cuello de la botella.

El vino, la botella y el corcho son, desde el siglo XVII, tres elementos indisociables. El mismo Shakespeare, en su obra “As you like it”, publicada en 1598, hace referencia a los tapones de corcho, "I prithee, take the cork out of thy mouth that I may drink thy tidings". Los primeros sacacorchos aparecen en 1720. Desde entonces hasta hoy, la botella de vino y el corcho son inseparables compañeros de viaje.

El corcho, impidiendo la oxidación del vino, le permite envejecer tranquilamente, hasta el desarrollo de sus máximas cualidades. El vino impide que el tapón se seque y pierda su elasticidad, sin la cual no le sería posible salir de la botella. Pero el corcho tiene que ofrecer otras ventajas indispensables para su empleo industrial:

  • > Facilidad en el sellado;
  • > Posibilidad de efectuar cerraduras rápidamente (mecanización industrial);
  • > La extracción del corcho para los consumidores tiene que ser simple e inmediata.

El hecho de que el tapón de corcho reuna todas estas características, es sin duda la razón por la cual este objeto fue preferido a lo largo de los últimos siglos para cerrar botellas de vino. Así, el tapón de botella se ha convertido en el producto por excelencia del sector del corcho. Este simple objeto es, desde el siglo XVIII, el gran motor de dicha actividad forestal e industrial, la columna vertebral como diría la investigadora Carolina Varela.