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Conclusión

Actualmente, el uso del corcho, tal como la sostenibilidad del sector, está amenazado. La causa principal de esta amenaza es el cada vez mayor empleo de tapones sintéticos y de tapones de rosca, productos más baratos y con una reputación de traer consigo menos unidades defectuosas. Pero estas nuevas alternativas ni son naturales ni biodegradables. El corcho sigue siendo el único acompañante natural para las botellas de vino. Según un estudio de la WWF, 95% de las botellas corren el riesgo de ser cerradas con aluminio o plástico en los próximos veinte años y en ese caso la producción de corcho en 2020 podría bajar a dos tercios de la actual.

Una primera consecuencia de este fenómeno sería la caída del precio del corcho, seguida de una disminución del aprovechamiento de las dehesas de alcornoques. Poco más tarde, este mítico árbol dejará de dominar buena parte de su reino actual.

La zona de producción del corcho comprende sobre todo el área mediterránea (Portugal, España, Marruecos y Francia) y si las predicciones de la WWF fuesen confirmadas, las consecuencias serían dramáticas. Desaparecería una cosecha tradicional del corcho que, repetimos, si se realiza bien, ni mata ni afecta la salud del árbol mas, al contrario, favorece la renovación de estos recursos forestales.

El desafío actual del corcho es mantener su posición de dominio en el embotellado de las botellas de vino. La actuación de campañas de promoción y reciclaje de tapones permitirán sensibilizar a los consumidores del enorme valor cultural y ecológico de este producto tan ibérico, y tan mediterráneo.